Por: Yuri Tapia Ando – 29/septiembre/2026

Creo que nunca te hará sentido suficiente una película hasta el día que vivas una experiencia similar o conozcas el lugar donde se lleva a cabo la historia. Digo esto, porque pasamos nuestra vida viendo series, películas en donde vemos destinos turísticos, y la forma de vida de los personajes, pero no lo entendemos hasta que nos toca vivirlo.
Hace algún tiempo vi algunos fragmentos, para ser sincera no recuerdo si la vi completa, de la película Comer, Rezar, Amar, donde sale Julia Roberts, y nunca le di la importancia suficiente.
Ahora, apenas hace unos días estuve en Italia, y entre los lugares que visité, conocí Nápoles. Y ahí empezó esta aventura de identificarme con la película, porque, a pesar de no recordarla exactamente, visitamos L’a Antica Pizzeria Da Michelle, pizzería famosa por ser mencionada en el libro de Comer, Rezar, Amar, y por consiguiente, por aparecer en dicha película.




Fue chistoso porque sabíamos que viajar a Italia no solo representaba conocer el país tan hermoso que es, sino hablar como italiano, y por supuesto, comer como uno.
No podía faltar comer el spaghetti a la carbonara, spaguetti al limone, spaghetti al olio, gnochi a la sorrentina, pizza a la diavola, pizza margarita, pizza caprichosa, tagliatelle, lasaña, y ¿ya dije pizza?, y qué decir de los postres, sorbetos, gelatos, delizia al limone, rum babá… en fin, no es momento en pensar en las tallas, como bien dice “Liz”, que interpreta Julia Roberts en la película.


Nos llegó el momento de dejar Nápoles y viajar a Sorrento, donde el hotel resultaba ser un convento… y fue ahí cuando todo lo empecé a relacionar… Rezar.
Ahora estábamos ahí, con unas monjitas como anfitrionas, conociendo la belleza de Sorrento y sintiéndome tan cerca de Dios.
Y es cuando después de tanta distancia recorrida, vistas impresionantes del mar, y el privilegio de estar en aquél lugar, recuerdas lo afortunada que eres por estar ahí, con las personas que más amas, y recuerdas que no puedes dejar de agradecer por tantas bendiciones. Y agradeces.
En lo particular, no era ese momento donde me sentía desesperada por encontrarme como es el caso de la película, pero siempre es buen momento para recordar y agradecer lo que vivimos y recordar que en algún momento de mi vida, estuve en ese lugar, desesperada, sintiéndome vacía y buscando encontrar esa paz, que aún sigo buscando pero que poco a poco la he ido encontrando, justamente también gracias al budismo.

¿Quién no ha querido dejar todo e irse a recorrer el mundo en busca de nuevas experiencias, del amor, de la paz, de una nueva vida incluso, así como lo hace Liz en la historia? Y aunque no es tan fácil como lo pintan, las vacaciones nos pueden dar ese respiro, al fin y al cabo, viajar abre la mente y el corazón.
Amar. Después de Sorrento y el convento con las monjas, y de recibir su despedida, fue el momento de decir adiós y alistarnos para la aventura de la Costa Amalfitana. Capri nos esperaba.
Más de una semana nos esperaba aún para vivir en aquellos hermosos lugares de ensueño, de película, donde ninguna fotografía le hace justicia al paisaje que ven tus ojos.

Unos días más de seguir creando recuerdos con las personas que amo y que me aman. Risas, cansancio, subidas, bajadas, caminar y caminar entre fotografías y el mar.
Es ese momento de amar no solo con quien estás, sino dónde estás. De ver esos azules del mar, sentir ese viento refrescarte, reírte con los tuyos y agradecer que estás vivo.
Y así, finalmente, de regreso a México, en el avión me di cuenta que estaba disponible la película, y la vi… y entendí todo, disfruté el momento en que llega a Italia, cuando come pizza, cuando habla italiano, y sentí cómo llevaba una parte de Italia en mi y en mis recuerdos.
Y aunque no visité India ni Bali, este viaje me sirvió para pensar, para reflexionar, para aprender y para seguir buscando mi propósito y lo que quiero en esta vida. Este viaje me recuerda lo afortunada que soy y el no olvidarme de seguir agradeciendo.

