Por: Nan García, la CRACK de los Seguros – 26/enero/2026
Hay relaciones que se sienten en el cuerpo. Te tensan los hombros, te aprietan el pecho, te roban calma incluso cuando todo “parece estar bien”. Muchas veces, esa relación no es con una persona. Es con el dinero.

El dinero está presente en decisiones pequeñas y grandes, pero rara vez le damos el espacio para entender cómo nos sentimos realmente con él. Lo evitamos, lo racionalizamos o lo usamos como solución rápida a emociones que no sabemos manejar. Y luego nos preguntamos por qué, aun cuando ganamos más, la tranquilidad no llega.
Porque no se trata solo de cuánto entra. Se trata de cómo vives cada decisión financiera.
Hablar de sanar la relación con el dinero no es hablar de sacrificio ni de vivir en restricción. Es hablar de conciencia. De dejar de reaccionar y empezar a elegir. De reconocer que muchas decisiones económicas nacen del cansancio, la comparación constante y la presión de “estar a la altura”.
El dinero se vuelve tenso cuando carga emociones que no le corresponden.
Muchxs aprendimos a sobrevivir, no a relacionarnos sanamente con el dinero. A gastar para compensar, a ahorrar con miedo, a evitar números incómodos. Por eso, incluso cuando los ingresos crecen, el estrés se queda. Porque la calma financiera no viene del monto, viene de la claridad.

Como asesora financiera y agente de seguros, he visto este patrón repetirse una y otra vez: personxs inteligentes, trabajadorxs, con ingresos estables, viviendo con una sensación constante de fragilidad. No porque les falte dinero, sino porque no hay estructura que los sostenga. Porque sin respaldo, cualquier imprevisto se siente como una amenaza.
Y aquí aparece una conversación que casi nadie quiere tener, pero que cambia todo: no puedes hablar de bienestar financiero sin hablar de protección. Tener protección no es pensar en lo peor, es darte permiso de vivir con menos miedo. Es construir un margen para equivocarte, enfermarte, cambiar de rumbo sin que todo se derrumbe.
Un estilo de vida sin estructura puede verse increíble por fuera, pero se vive con tensión por dentro.
El dinero sano no es el que se presume, es el que acompaña. El que te permite decir que no sin culpa, frenar sin pánico y decidir sin sentir que todo está en juego. No se trata de dejar de disfrutar, sino de disfrutar sin ansiedad.
Sanar tu relación con el dinero no significa hacerlo perfecto. Significa hacerlo honesto. Mirar tus números sin castigarte. Reconocer tus patrones sin vergüenza. Entender que no todo lo que deseas hoy lo puedes sostener mañana, y que eso no te resta valor.
La tendencia actual habla mucho de abundancia, pero poco de responsabilidad emocional. Habla de manifestar, pero no de sostener. Y la verdad es que el dinero responde mejor a la claridad que al deseo.
Si este texto te incomodó un poco, no es casualidad. Si te hizo sentir identificado, tampoco.
El llamado a la acción es simple y real: empieza hoy a observar cómo te relacionas con tu dinero. No para juzgarte, sino para entenderte. Ordena, pregunta, busca acompañamiento si lo necesitas. Porque el dinero no se sana ignorándolo, se sana haciéndote cargo con conciencia.

Cuando la relación con el dinero deja de ser tensa, algo cambia. Las decisiones pesan menos. El futuro se siente más posible. Y el dinero, por fin, deja de ser una fuente de estrés para convertirse en un aliado silencioso.
