Por: Fabiola Santillán – 29/enero/2026
¿Qué sucede cuando una lectura sale de la intimidad de la habitación y se encuentra con el mundo?

El fin de semana pasado, mientras llegaba al lugar donde se llevaría a cabo el Micrófono Abierto, sentí ese nudo en el estómago que solo los comienzos provocan. Tenía las manos frías y una duda rondándome la cabeza: ¿se atreverán a compartir sus textos favoritos? Como bibliotecóloga y lectora, estoy acostumbrada a la quietud de los archivos, pero ese día buscaba algo distinto: buscaba que el papel cobrara vida.
El miedo se disipó con la primera lectura. De pronto, los nervios se transformaron en una calidez profunda al ver cómo el espacio se convertía en un refugio. Fue emocionante observar a otras personas tomar el micrófono; algunas con la voz temblorosa, otras con una fuerza que inundaba el lugar, pero todas unidas por un hilo invisible. En ese momento confirmé que, la lectura no es un acto solitario, sino un puente. Al leer juntas, dejamos de ser extraños para convertirnos en un eco colectivo que valida nuestras historias y nos recuerda que no estamos solas.
A menudo, cuando leemos a solas, nos encontramos con pasajes que nos sacuden, pero es en el círculo de un club de lectura donde esa sacudida encuentra eco. Para las mujeres, leer a otras mujeres en comunidad se convierte en un acto de validación.

Los espacios como los micrófonos abiertos y los clubs de lectura compartida funcionan como «puentes» porque permiten que la palabra escrita se encarne. No es lo mismo leer un poema en la soledad de la noche que escucharlo vibrar en la voz de alguien más en un foro público. Estos espacios son seguros porque no buscan la perfección técnica, sino la honestidad emocional. Son lugares donde el error se recibe con respeto y donde la historia de una se vuelve la fortaleza de todas.
Sé que en ocasiones el tiempo nos juega en contra por las actividades del día a día y por ello cuesta un poco unirse a clubs de lectura, sin embargo algunas personas me han confesado que no dan el paso por miedo a no terminar el libro, por lo que las aliento a cambiar el enfoque: el libro no es la meta, es la chispa.
Leer sola puede ser abrumador, y más en temas fuertes, pero leer acompañada te quitará ese peso de encima.

Si alguna vez has sentido que el libro quema tus manos, y necesitas gritar todo lo que te movió, te invito a dejar atrás el silencio, y sumarte a clubs de lectura y micrófonos abiertos que tengas más cerquita, no importa si terminaste el libro, o si la voz tiembla, aquí lo que cuenta es el eco que generamos juntas al hacer comunidad lectora.
«Leer juntas es asegurar que estas historias no se queden guardadas en un estante, sino que caminen con nosotras»
