Por: Corazón BarHer – 13/febrero/2026

Cae la noche, una noche más en esta soledad que me consume, donde solo quedan los recuerdos. Esos fragmentos de ilusión que se esfuman con el viento y traen consigo la pesadez de todos los días, la misma rutina, el mismo rondar de las jornadas anteriores.
Sin ti nada es igual.
El solo pensar en las locuras que hicimos, las anécdotas guardadas que se quedan impregnadas en estas paredes, aun con el aroma a las feromonas excitadas.
Salgo corriendo directo al cuarto, buscándote entre mis sábanas, en cada rincón de mi cama, encontrando tu aroma rociado como un tatuaje plasmado en cada poro de mi piel, como si ese fuese el sello de que me hiciste tuya.
¿Recuerdas la primera vez? Estaba nerviosa y me sentía apenada.
El sentir tus caricias rozando mi cuerpo, tus manos suaves tocando mis piernas, acercándose lentamente cada vez más, me hacía temblar. En eso, nuestras miradas se cruzaron y tus ojos hablaron por ti, pidiéndome permiso para tocar mi parte sur, húmeda, excitada, pidiéndote a gritos sentirte dentro. Tus labios gruesos y jugosos estremecían mi ser. Te abracé con fuerza, no sé si te rasguñé; fue tan delicado y perfecto que apreté los labios para no exclamar. Me decías «te amo» y sentí cómo dos cuerpos se convertían en un solo ser, nuestra mano se entrelazó, apretándonos fuerte una y otra vez.
Fue el inicio de nuestras locuras. Cada rincón de esa casa me recuerda cada instante que pasamos juntas: tus besos apasionados, las veladas exquisitas. El solo recordar cada momento mi piel se eriza y pide a gritos que vengas a poseerla como lo sueles hacer.
Es viernes, lo sé. Faltan unos instantes para verte, sé que llegas a las diez y si estás leyendo esto es porque te espero en el cuarto. Mi ropa, el chocolate que cubre mis senos, mis labios, mi abdomen; y entre mi boca puede que aún encuentres kiwi con chantilly entrelazados en mis dientes que desean morderte, tenerte…

