¿A QUÉ SUENA EL MUNDO CUANDO LEEMOS A LAS MUJERES?

Por: Fabiola Santillán – 10/septiembre/2026

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Estamos a tres meses y medio de terminar con este 2026 ¿Cómo van tus lecturas? ¿Has revisado tus estantes? ¿Cuántas autoras hay ahí? Durante generaciones, nos enseñaron a leer la experiencia masculina como «universal» y la femenina como «un nicho» o «tema de mujeres». Pero abrir a una autora no es un asunto de cuotas ni de compromiso social; se trata de algo mucho más ambicioso, placentero y urgente: dejar de mirar el mundo con un solo ojo. 

Cuando leemos a las mujeres, de pronto la literatura deja de ser ese ejercicio lejano o abstracto y se convierte en una experiencia que se siente en las entrañas. Las escritoras contemporáneas están agarrando la rabia, el duelo, la ternura, los gozos, las grietas del cuerpo y la cotidianeidad más pura, y le están poniendo palabras sin pedir perdón a nadie. Leerlas es regalarte ese chispazo de luz en el que te detienes a mitad de la página y dices: “Pensé que era la única que se sentía así”. Es encontrar un mapa para nombrar lo que antes ni siquiera sabías cómo decir, y nombrar es siempre el primer paso para adueñarte de tu propia historia.

Este año se ha tornado un poco complicado, pero sin duda, leer autoras como Brenda Navarro, Aura García- Junco, Alma Delia Murillo, Daniela Rea, Elisa Díaz Castelo, Mariana Narváez, Gabriela Jáuregui, Julieta Correa, Elvira Sastre, Cristina Rivera Garza o Valeria Luiselli hizo el pasar de los meses más ligero.

Llegar a casa, ir al parque o entrar a una cafetería y adentrarme en sus letras me cambió la perspectiva; me sentí acompañada, comprendida y profundamente sostenida. Descubrí que la lectura escrita por mujeres no solo te distrae: te abraza, te afina la sensibilidad y te devuelve el permiso de habitar tus propios procesos sin culpa.

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Tal vez de eso se trata al final: de entender que la lectura no es un refugio pasivo, sino un espacio vivo para construirnos. Así que la invitación está abierta. La próxima vez que busques qué leer, dale la oportunidad a una voz femenina. Léelas, regálalas, subráyalas, cuéntalas. Porque cuando leemos autoras, no solo descubrimos grandes historias: nos encontramos a nosotras mismas en el camino.